miércoles, 2 de febrero de 2011

El problema del temple (y II)

Tercera definición del temple. La explicación mágica (Luís Bollaín/Juan Belmonte)

La opinión del propio Juan Belmonte nos llega transcrita por el notario y belmontista Luís Bollaín en su libro “La tauromaquia de Juan Belmonte” (Madrid, 1ª ed., 1963). Dice Bollaín:

(….) Un día me lancé al asalto del maestro; le expuse como preámbulo “mis ideas”, y desemboqué en esta pregunta a tenazón:

-¿Qué piensa sobre el temple Juan Belmonte?

-Pues pienso lo mismo que usted. Los dos -cada uno desde nuestro sitio- vemos el “temple” de idéntica manera; de la única que, a mi juicio, puede concebirse: como concordancia de movimientos, sí; pero con ejecución lenta y con soberanía sobre el toro. No admito que pueda hacerse nada meritorio con una muleta o un capote en las manos, sino a base de que el torero sea siempre el supremo dictador. Torear es llevar la contraria al toro (…) templar es una manifestación –la más relevante- de ese “llevar la contraria al toro” en que el toreo consiste, porque es ejecutar con lentitud, aunque el astado embista con rapidez (...) Yo toreé “con temple belmontiano“ empujado a ello por mi modo de sentir el arte de torear; moví el engaño a la velocidad que me dictaba mi sentido del toreo, y luego … ya veía usted: unas veces el toro pasaba despacio y limpiamente, embebido en mi capote o en mi muleta, y otras, “no me hacía caso”, derrotaba en la tela o me cogía y el temple no asomaba por parte alguna. Pero no puedo explicar: ni el porqué del éxito, ni el porqué del fracaso. No sé decir que hacía yo para que aquello saliera bien… cuando salía bien, o para que no saliera bien…, cuando salía mal.

Aquí se está planteando una cuestión importante y es que la concordancia de velocidades debe venir impuesta por el torero (por el mando del torero) que es el que conseguiría frenar al toro que embiste rápido. Pero lo que no se explica es el cómo.


Cuarta deficinión del temple. Bajar la mano. Paco Malgesto-Armillita.

En las páginas finales del libro de Paco Malgesto sobre la vida taurina del mexicano Fermín Espinosa Armillita (Armillita-Maestro de maestros, México, D.F., 1ª Ed., 1949) se contiene un interesante compendio de las ideas de este diestro que constituye una verdadera tauromaquia.

De este apéndice denominado “el testamento de Armillita” entresaco lo que dice sobre el temple.

“Hemos hablado de lentitud y de temple; hay toreros muy lentos y toreros muy rápidos; pero “Armillita” opina que generalmente la velocidad la da el toro; si se pretende torear lentamente a un toro de embestida muy rápida, lo más probable es que atropelle el capote o la muleta, que derrote y que desarme; y si a un toro que embiste lentamente se le torea con rapidez, se adelantan las suertes, el torero se descubre y puede ser achuchado; ha habido toreros que por su sabor y su clase han aprovechado muy bien a los toros de embestida lenta: Chucho Solórzano, Victoriano de la Serna y “el Soldado” pueden mencionarse entre ellos.

Hay, sin embargo, un procedimiento para conseguir que un toro bravo, codicioso y de buen estilo frene su velocidad en el momento del lance o del muletazo: todo el secreto está en bajar mucho el engaño; entonces el toro, para alcanzarlo con los pitones, baja mucho la cabeza y, y así su rapidez disminuye; para obtener este resultado, mientras más largo tenga el toro el cuello es mejor, porqué podrá bajar más la cabeza; los toreros que opinaban, antiguamente, que un toro de cuello largo, es peligroso o incómodo , estaban equivocados; el toro incómodo es el de cuello corto, porque siempre tiene la cabeza alta.

Fermín recuerda a “Gitanillo de Triana”, en Madrid, frenando a sus toros, en el primer tercio, a base de arrastrarles el capote; con la muleta, ha seguido ese mismo procedimiento Silverio Pérez.

Con lo que volvemos a Pedro Romero.

Quinta definición del temple. El toreo en curva. Domingo Delgado
La siguiente explicación la dará Domingo Delgado de la Cámara, en su libro “Del Paseíllo al arrastre-La lidia y su evolución (1ª Ed., Madrid, 2004)

Señala que el temple siempre lo ha visto ligado al valor. Sólo los toreros valientes son capaces de esperar tranquilamente a que el toro meta la cabeza.

Niega la teoría mágica (Toreros que serían capaces gracias a su poder mental de imponer al toro la velocidad que quieren). Dice que si se intenta torear más despacio de la velocidad del toro, este engancha la muleta (Aquí se parece a Corrochano. Se puede torear despacio sólo al toro que va despacio).

Señala que esa velocidad del toro se tiene que modular en las varas (No recuerdo yo quien dijo que el temple del torero dependía del temple del palo. Me parece que era Joaquín Gordillo (el ínclito comentarista de televisión años ha). También añade que la velocidad del toro se reduce bajando la mano y cruzándose.

No obstante, añade que picado el toro, bajando la mano y cruzándose el torero, el toro tendrá aún una determinada velocidad (menor si se quiere) pero que nunca se podrá torear por debajo de ese tempo porque se produciría el enganchón.

Habla de Belmonte (recuerda que con él es cuando empieza a hablarse del temple) y dice que su aportación técnica fue cruzarse con el toro con eso consiguió torear más despacio y, sobre todo, sobrevivir en el toreo. Mientras más cruzado, más tiene el toro que cambiar su trayectoria y más se ralentiza su embestida.

También insiste en lo de bajar la mano como el otro elemento técnico que posibilita el temple. Cuando la mano va más baja, el toro va más sometido y embiste más despacio. Recuerda que la mayoría de los toreros han templado con la mano baja. Y dice que muy pocos han toreado bien a media altura. Pone como ejemplo a Chicuelo, El Viti, Manzanares y Ponce (Curiosamente a mí esa impresión de torear despacio a media altura sólo se la recuerdo a Curro Romero y al Paula)

Introduce por tanto un concepto nuevo: torear en curva como solución técnica que permite acercarse al temple y, además propone un elemento de valoración sobre el que los otros autores han dicho poco: El enganchón como antítesis del temple. Mientras más enganchones se sufren menos se estaría templando. La regla contraria también sería válida.

Posdata. Sobre las fotografías de esta página

He elegido para ilustrar esta página una fotografía de Juan Mora, como homenaje a su faena de Madrid el pasado otoño, donde toreo muy templado y muy despacio, y cuatro del Juli.

La explicación de elegir las fotos del Juli está no sólo porque es torero de mucho temple (Ver sus dos primeras fotografías con la muleta planchá) y cuyas imágenes ilustran muy bien los conceptos de bajar la mano y torear en curva (ver las dos últimas), sino sobre todo porque se le achaca una cierta rapidez a su toreo. La explicación para mí está muy clara y corresponde con los anteriores comentarios de Domingo Delgado. ¿Será quizás porqué Juli es, de los toreros punteros, el que torea ganado más encastado y gusta de dejarse más crudos y enteros a los toros para la muleta?